Mi querido YOLE tuvo a bien tomar esta imagen mía para ilustrar un poema suyo. Pero no se dio cuenta de que me ilustraba a mi con sus letras y el pretexto de una imagen... La imagen del sueño dulce al que me inducen sus palabras... El de la Luna Redonda de mi ombligo y el Mar de la Calma, el de las plumas y el aire, el de el olvido de todo mal o miedo, el del reposo de niña tomada por Morfeo... Mi marinero no sabía que quizás soñara con él, me llamó sirena y fui... Y mis ojos se volvieron verde mar hasta cerrarse con una sonrisa.
Inolvidable.

Brillando mi cuerpo de ti, sirena.
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Dime por qué sobre tu pelo suelto,
sobre tu dulce hierba acariciada,
cae, resbala, acaricia, se va
una luz ardiente o reposada que te toca
como un viento que lleva sólo un pájaro o mano.
Por qué tus cabellos de agua despeinada
y tu carne traslúcida besan como dos alas tibias,
como el aire que mueve un pecho respirando,
y se siente tu perfume y me calo
de ti hasta el tuétano de la luz.
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Generosa presencia la de una mujer que amar,
descansado o tendido cuerpo o playa a una brisa,
a unos ojos templados que te miran,
oreando un desnudo dócil a su tacto.
Mirar tu cuerpo sin más luz que la tuya,
que esa cercana música que concierta a la noche,
a las aguas, a las espumas, a ese ligado latido
de este mundo absoluto que siento ahora en mis labios.
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La realidad que vive
en el fondo de tu beso dormido,
donde las mariposas no se atreven a volar
por no mover el aire tan quieto como el amor,
duerme mientras manos de seda
mientras paño o aroma
mientras cálidas luces que resbalan
tiernamente comprueban la suavidad del seno
el buen amor que sube y baja a sangre.
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Cuerpo tuyo feliz que fluye entre mis manos,
rostro sosegado donde contemplo el mundo,
donde graciosos pájaros se copian fugitivos,
volando a la región donde nada se olvida.
Tú, inocente, duermes bajo el cielo…
Yo, en desvelo.
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Saber que duermes tú, cierta, segura,
-cauce fiel de abandono, línea pura-
tan cerca de mis brazos
por la distancia maniatados.
La realidad que vivo en ti
bate unas alas inmensas
y me lleva entre sus alas
como pluma ligera
y me pega al calor de tu cuerpo:
dulce secreto de conversar con el mar.
Anoche. Brillando mi cuerpo estaba de ti, te besé
y sentí dentro, en mi boca, el sabor de la aurora.
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Y la sirena respondió:
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Qué bonito escuchar esta melodía introduciéndose lentamente en el despertar... Y haciendo más grande la sonrisa de los aún durmientes.
Leyéndote es fácil creer que existen los ángeles, sin duda.
Te contaré un secreto: colecciono plumas, a veces me riñen, no debería cogerlas... Pero cuando encuentro una por azar pienso que un ángel estuvo allí... Y si veo muchas, me lanzo a recogerlas todas antes de que se las lleve el viento... No sea que me quede sin alas...
Buenos días marinero...
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Un beso de olas mansas y GRACIAS...GRACIAS, porque he despertado entre campanillas y cascabeles... El mar está como un plato y el cielo completamente azul...